NOTA: Escribí esta carta hace poco. Va dirigida al chico que posa indiferente en la foto de arriba. Se supone que será mi ahijado y quiero salvarlo, antes de que nazca, de los inmensos peligros que corre si no aparece nombre más propicio que el que sus padres pretenden endilgarle. De paso, lo remito a su capacidad de elegir, naturalmente.Querido ahijado, ente innato (¡¡nunca mejor dicho!!):
Acostumbrarte a mi constancia epistolar es algo que nunca deberás hacer. Mi mamá se aburrió de notar que algunos jocosos improperios (palabras fuertes e imprescindibles que deberás aprender a pronunciar adecuadamente en su momento) atravesaban mi constitución como una onda hertziana cualquiera sin el más mínimo sonrojo de mi parte. Mi cercanía es más kármica, más de las sombras que de las luces. Y espero que ahora sepas de sombras y ruidos, metido en esa cuevita que cada día se te hace más pequeña aunque admitamos que tiene la bondad de pocas cuevas: se ensancha también para hacerte sitio, hasta que decidas salir… ¡¡esa es una opción!! Te advierto, y por esto tus papás pueden llegar a despojarme de cualquier responsabilidad formativa, que afuera las cosas no andan bien… pero para consuelo tuyo te digo que hay buenas (¡¡buenísimas!!) chicas sueltas en la calle, hermosos libros escritos (hay un joven poeta italiano por ahí que se llama Virgilio que promete un mundo...) y discos grabados que pueden gustarte y formarte llegado el momento (...y un aprendiz de saxo que parece que va a llegar a algo, Coltrane es su apellido). Y está el té negro... tú eliges.
Me gustó ver tu primera foto pero debo decir que el tamaño de tu pene no es convincente. Sufrirás un par de burlas antes de adaptarte a él, como me pasó a mí. En eso te puedo ayudar. Llegado el caso, cuando te acostumbres, será lo primero que dirás antes de ir con chica alguna a la cama. Notarás asombrado que a todas les da igual. Yendo más lejos, que seas varón tuve que concebirlo como un acto de fe... Las pruebas gráficas no eran evidentes. Pero no sé si creerle a los mismos doctores que acusaron a tu papá de sifilítico. Para ser racional (algo que comprobarás que es poco racional) les otorgo el beneficio de la duda y aceptaré de buen grado que seas varón, primogénito de la estirpe de los Barroso y, por esa misma razón, sería una mierda horrible, un deshonor que cobrarías de muy buen gusto con la sangre de tus progenitores, que te endilgaran un Domingo a manera de canon nominal. Te explico ahora.
No es tan terrible llamarse Domingo. Los Domingos, en principio, son días patéticos para los adultos porque casi siempre después llegan los Lunes, que son peores. Visto así, peor que quisieran ponerte Lunes o Miércoles (tienen fama de atravesados, una forma tierna de llamar a los pedantes). Los Martes tienen ciertas supersticiones asociadas y una vez, cuando decidimos que había que ponerle nombre a los días, fue designado así en honor al Dios de la Guerra. Los Jueves son días mediocres... casi nunca pasa nada bueno un Jueves. Viernes ya tiene un copyright llegado desde la niebla de Inglaterra: era el compañero de isla de Robinson Crusoe y, en ciertas culturas, también está asociado a cosas horribles como a un tal Jason que parecía que nunca se iba a ir al Infierno (¡¡del Infierno hablaremos después!!). Sábado está bien, suena lindo y es un buen día donde se holgazanea delicioso rascándonos la barriga y la vida entera se puede tirar a mondongo de principio a fin. Si quieres ser trascendente, ¡¡que te pongan SÁBADO!!
Ahora, no veo por qué hay que ponerte como un día de la semana... Pudieras sugerir que te nombren como un mes del año, por ejemplo. Julio o Mario (siempre te dirán Mayo, es igual) están mejor que Domingo. Se van a burlar mucho de ti, Domingo (¡¡permíteme que te llame así desde ahora para que lo empieces a odiar!!). Imagínate: "Domingo día feliz", "Domingo día de carreras", "Domingo Borroso", "Domingo sapingo", "Domingo, chúpame el p...", "Domingo el mingo". O peor, jugando con los diminutivos, "Dominguito...". De ese Dominguito se derivan una serie de improperios que no te imaginas. Es un universo para la chanza ajena ese Domingo que te aguarda afuera.
Domingo en inglés es Sunday, Día del Sol, lo cual suena muy poético para un recién nacido. Pero en Cuba no hablamos inglés, ahijadito. Sunday para nosotros son dos bolas grandes de helado (dispensadas con boleadora tamaño #1) acompañadas de almíbar de caramelo o miel, si hay. Lo peor del asunto, según lo veo, es que quieren solapar el Domingo tras un primer nombre. Y me pregunto, ¿¿se podrá?? Cuando dices, por ejemplo: Julio Domingo, nadie se acuerda del Julio. Ese Domingo se queda sonando en la oreja, fijándose en el cerebro, trepando heroico por sobre axones y dendritas, devorando mielina. Y cuando preguntan “¿¿y él como se llama??” responden "no me acuerdo bien... era algo y Domingo"... ¿¿viste?? Siempre tienes la variante que emplea tu papá: la de no presentarse con sus dos nombres. Si este es el caso, ¿para qué carajo te ponen el Domingo?, ¿para no usarlo? Sobran razones para tu no adhesión al Domingo de marras... pero todavía no hablas aunque puedas oír. Pero puedes dar patadas, recuérdalo.
Si me preguntan a mí un nombre digno de anteceder el castizo bastardo de Barroso, medio español y medio portugués como mi propio apellido, pensaría en ilustres nombres peninsulares y latinos en general: Miguel Ángel, Guillermo, Virgilio, Abelardo (un Barroso que se llamaba Abelardo cantaba los mejores panqués que se han escuchado en Cuba, y una Cleptómana que no imaginas), Horacio, Humberto, Roberto, Octavio, Augusto (con estos dos últimos nombres estarías obligado a ser emperador, ojo con esto)... ¡¡en fin!! Y los José, los Pedro, Pablo y toda la santísima Biblia... ¡¡que no te jodan con Domingo!!
Fuera de este tema grave, que invoca al exterminio en masa de seres queridos, me plació mucho ver el tamaño de tu casa actual. Cuando salgas a la superficie verás que, por estar en La Habana, estarás obligado a justificar 10 metros cuadrados por los cuales moverte con libertad absoluta. De paso, notarás que es poco. Así, el mundo se te puede asemejar un poco a ese tibio ambiente materno pero no hagas caso a esto... tu adolescencia adolecerá de ciertas medidas de espacio y tiempo (al menos tú estás más cerca de ese instante que cuando nací yo). Se ve linda tu mamá, ¡¡de veras!! Es una pena que lo único que conozcas ahora del mundo exterior sea alguna lucecita jodedora del médico. Ya me entenderás cuando crezcas, pero propongo que tu mamá se mantenga embarazada todo el tiempo... Está preciosa y se insinúa que, si todo lo que vi es cabeza, no tengas problemas con el Ejército y esas cosas leves de los hombres. Podrás almacenar muchas cosas ahí... libros, músicas, películas, viandas y hortalizas, etc.
Para finalizar este serio documento, que será despachado en breve, recuérdale a tus papás que puedes escuchar cosas del mundo exterior y percibir estados de ánimo maternos, sobresaltos, goces, "vibraciones" como diría Walter Mercado (a este no vale la pena que lo conozcas). Hazles saber que es tan importante que te alimenten como que te estimulen con lindos diálogos de guiñol, con musiquita de la que afina y eriza los sentidos (¡¡ya te mostraré
La Gasolina un día de estos!!) y con la paz exterior e interior que se pueda, dentro de lo accesible al hombre. Estando uno bien, todos los demás se enteran... y viceversa. Ese suele ser el encanto de las familias.
Y es hora de terminar esta carta, pequeño Domingo, Dominguito, ¡¡jajajaja!! (¿¿ya odias el nombre??) Verás que decidirás salir, para bien del mundo, y verás también que la vida se parece mucho más a un jazz que a una sinfonía: se desafina más de lo que se afina... pero, cuando se afina y se improvisa bien, se toca el cielo. Por eso agradecerás siempre aquel palito loco que echaron mamá y papá, en una noche romántica, cómplice y, para mayor romanticismo, a solas con Los Van Van cantando a viva voz eso de "¡¡SANDUNGA, SANDUNGUEEEEERA....!!"
Se despide uno que se alegra de que existas y te deseen para ser bien.