jueves, mayo 31, 2007

Apología del caracol


Cuando me sorprendo hojeando La lentitud, un libro considerado menor entre los escritos por el siempre grato Milan Kundera, me doy cuenta de que todo es sólo un pretexto para llegar a este pasaje alusivo a Point de lendemain (1777), de Vivant Denon (1747 - 1825).

Al desacelerar el curso de su noche, al repartirla en distintas partes separadas unas de otras, Madame de T. supo hacer que el corto lapso de tiempo que les estaba destinado pareciera una pequeña pero maravillosa construcción arquitectónica, como una forma. Es una exigencia de la belleza, pero ante todo de la memoria, imprimir una forma a una duración. Porque lo informe es inasible, inmemorizable. Concebir su cita como una forma fue para ellos particularmente valioso, ya que su noche debía permanecer sin mañana y sólo podría repetirse en el recuerdo.

Hay un vínculo secreto entre la lentitud y la memoria, entre la velocidad y el olvido. Evoquemos una situación de lo más trivial: un hombre camina por la calle. De pronto, quiere recordar algo, pero el recuerdo se le escapa. En ese momento, mecánicamente, afloja el paso. Por el contrario, alguien que intenta olvidar un incidente penoso que acaba de ocurrirle acelera el paso sin darse cuenta, como si quisiera alejarse rápido de lo que, en el tiempo, se encuentra aún demasiado cercano a él.

En la matemática existencial, esta experiencia adquiere la forma de dos ecuaciones elementales: el grado de lentitud es directamente proporcional a la intensidad de la memoria; el grado de velocidad es directamente proporcional a la intensidad del olvido.

Filosófica de un modo


En la nucleación inicial de las esferas hubo una mano valiente y ubicua que fraguó las tesis primeras y supo espolvorear el crémor sobre los rocíos matinales de las casas.

En la posesión de los convictos marcha aceradamente la fatua columna de los deudores de la humanidad, ladran los canes de la oficialidad y escupe el maquinista de algún tren.

En los anhelos putrefactos del suicida hay lengua de ovejas en tinta espesa de calamar, panes con bilis de ternera y pezuñas de caribú, no se procrea el aire sino la asfixia.

En la velluda aspereza de los amantes duerme la muerte de sus hijos fallidos, inocentes visiones que asemejan nubes de cartón, guardianes del obelisco y la catacumba.

En mis sueños la vida corre, como un lápiz, haciendo el bien y el mal dentro de sus enormes posibilidades.

(de Mauricio Pimienta, 2003)

miércoles, mayo 30, 2007

En franca referencia al excelente post de José Manuel Prieto publicado en PD, y como aderezo literario más que histórico, cito abajo un fragmento del libro El suplicio de Tántalo (otra vez) [Ediciones Unión, 1994], de Reinaldo Montero, que siempre me ha parecido sugerente y polémico. Glosar al Generalísimo de forma tan natural es, en la pluma de Montero, una manera más de jugar irreverentemente con la historia, desacralizándola. El autor baja a Gómez del mármol y la pancarta y lo pone a conversar sobre una arista particular de la Historia: la historia del viejo guerrero como martirologio, como suplicio tantálico.

[…] si parece que yo no he nacido más que para la lucha y para el pesar,

y terminada la guerra, muy viejo, con deseos de ser viejo definitivamente, pasaba los ojos y también las manos por algunas admiradoras que le rodeaban sin tregua en la Quinta de los Molinos,

que ya habrás visto por la prensa de esta Habana cómo me traen y me llevan, y te digo, María, esta situación, más se la debo a los besos de las mujeres que a los tiros que le disparé a Weyler,

pero el Viejo hubiera querido confundir los nombres y los rostros como auténtico viejo, y ver debajo de encajes y guarandoles no a esas blandas mujeres, sino a sus novias, a Panchita, a La Revolución,

que La Revolución es mi novia, dijo cierta vez, que eso no puedo consentirlo porque deshonra a mi novia, dijo muchas veces,

pero de ninguna forma aquellas donnas preguntando, revolviéndose, mareantes hasta decir no más, podían ser Panchita o La Revolución, la también trucidada, lo sentía, lo sabía,

que me duele el cuerpo de los abrazos, María, y si vieras mi chaqueta de siempre como está de arruinada por tanto polvo de viejas,

y por las tardes, cuando paseaba en Zaino, la gente se detenía a aplaudirle, y si descabalgaba para hacer una visita, se arremolinaban curiosos y más curiosos hasta armar tumulto y muchedumbre estorbando el trasiego de la calle,

el sentimiento más noble que puede abrigar el corazón humano es la gratitud nacional, pero tú ni te imaginas las infamias, María, ahora sacan que si a Maceo le gustaba comer en platos con borde de oro y con música de violines, que si tenía una montura con estrellas de plata, que si usaba un corsé para mantener el porte erguido aunque silbaran las balas, te digo, nunca creí que nuestra obra se pisoteara a tal punto, pero es así, que para llegar a este desencanto, he sobrevivido a los amigos que no tuvieron tiempo de serme desleales porque la muerte los arrancó para siempre, pero de lo que me ocupo en estos momentos es de la exhumación de mi hijo Panchito y del general Maceo, eso me absorbe por completo, y ni quiero oír hablar de política, de la sucia política de aquí, porque además, nadie me ha podido responder algo que siempre pregunto y que es muy sencillo, dividida en dos castas la sociedad, una que tiene el pan y otra que tiene el hambre, ¿cómo puede andar?, ¿cómo?, por eso estoy de acuerdo con el que dijo, o pan o plomo,

y hubo lágrimas cuando izó la bandera, tenía que haberlas,

//que es mi bandera un primor/fue mi angustia y mi dolor/es más que todo y que Dios,//

y hasta se escuchó diciendo, por amor a la fe, para placer de reporteros,

hemos llegado, parece,

lo curioso es que demasiada gente no se percatara del parece, […]

Hallazgo

debajo de las almohadas
entre las sábanas
en la mesa de noche
junto a la tacita de café
en el piso
en el bolso
en el maletín
por ahí anda
el libro que sepultará nuestra muerte a deshora
la mano que nos arrebatará al revólver
el papel que nos obligará a asentir
la flecha que llega a tiempo (a nuestro tiempo)
la pulpa de pulpas
sapiencia y vida que gotean mínimas
tibias
exhalando la sangre que alguien perdiera una vez
en el maletín
en el piso
entre las sábanas
junto a la tacita de café

(de Mauricio Pimienta, 2001)

martes, mayo 29, 2007

Un cambio Severo...

Gracias al buen blog Cuchitril Literario, descubro que ya están colgados en la red muchos episodios de la serie A Fondo, lo cual me alegra mucho. La lista, a continuación:

Juan Carlos Onetti, Alejo Carpentier, Julio Cortázar, Jorge Luis Borges 1ra, Jorge Luis Borges 2da, Juan Rulfo, Guillermo Cabrera Infante, Gonzalo Torrente Ballester, Álvaro Cunqueiro, Manuel Mujica Lainez, Ramón J. Sender, Carlos Barral, Joan Brossa, Atahualpa Yupanqui, Carmen Martín Gaite, Antonio Buero Vallejo, Gabriel Celaya, José Donoso, Rosa Chacel, Juan García Hortelano, Dámaso Alonso, Mercé Rodoreda y Julio Caro Baroja.

Había puesto hoy la primera entrevista a Jorge Luis Borges, prometiendo la segunda para el viernes. Por razones obvias de tiempo y espacio la acabo de quitar, pidiendo disculpas a los que se quedaron enganchados. Los links del párrafo anterior son a modo de desagravio. En lugar de Borges, Severo Sarduy (1937 - 1993)… véanlo aquí:


Para el viernes, Manuel Puig.
Primera entrevista a Jorge Luis Borges (1899 - 1986) realizada en A Fondo, de RTVE...

lunes, mayo 28, 2007

Living In The World Wide Web

Una aclaración necesaria
Estas décimas fueron escritas por el anho 1998 o 99. Me tocó padecer muchísimas veces la famosa pantalla azul de Windows 98 y la Internet se ‘vivía’ de otro modo, habían otros chismes, otras maneras de hurgar. Ahora las releo y me sorprendo de algunas novedades, as time goes by:
El Flash se ha convertido en todo un standard en cuanto a portabilidad, versatilidad y eficiencia,
Yupi desapareció
Terra (aunque sigue posicionada) ya dejó de ser lo que era,
Napster dejó de existir como software de intercambio de música gratis después de la demanda judicial establecida por Metallica, entre otros…
Winamp tiene ya una versión de pago,
Copernic, un metabuscador muy útil entonces (no Google!!) ha caído en desuso,
y la pantalla azul ha sido sustituida por mensajes de error que no afectan tanto el mio-cardio y que, de XP para acá, han sido menos frecuentes.
Cierro así este lunes, otro, que se me antoja jocoso.

Hago Log-In en mi Server,
abro el Browser de una vez.
Veo que hay un nuevo pez
y que hay más putas en Denver,
Clapton subasta su Fender,
Real Player (¿otro más?),
estrena versión el Flash,
Yahoo, Yupi y hasta Terra
se mezclan en una guerra
por ver quien cotiza más.

Napster se quiere escapar,
Metallica no perdona,
Microsoft se desmorona
y ya no regala más.
Loterías por ganar,
mi Getright desgañitado,
Winamp sigue regalado,
nuevos Plug-Ins por venir,
Applets de Java y dos mil
protocolos mejorados.

Les veo pasar de lado
mientras Copernic me dice
que ya no me martirice,
que mi página ha encontrado.
Hago Clic ensimismado,
corre el TCP/IP
junto al HTTP...
se demora la descarga...
¡¡La pantalla azul me amarga!!
>>Presione Ctrl+Alt+Del<<

A propósito…

…de Obra y Zozobra de Osvaldo Rodríguez, de Manuel Sosa.

Un hit con mucho scratch:










Un megahit con menos:









Este último me parece ideal para la campaña presidencial de Gorki, ¿no creen?

Lunes, el memorioso

Un post para Cristi, brujita...

He colgado en Flickr 161 fotos de la vieja Habana: pasajes seminales de la construcción de algunas de sus arterias urbanas, personajes, esquinas, lugares, hijos de la ciudad dándole la vuelta a la manzana o preguntando el número de la bolita de anoche… en fin, cosas de las fotos.

Muchas de ellas son de una Habana en construccion, lo cual vale la pena verlo, a modo de metafora, como una Habana en ascenso, antigravitatoriamente. Contrastan mucho con imagenes similares de la actualidad, pero estas son gracias al efecto gravitatorio: La Habana y sus desplomes. Razono esto despues de ver algunas de ellas y sorprenderme exclamando: "Se parece a la de hoy!!"

Como no sé (o no recuerdo) de dónde me han caído les invito a pasar y dejar su comentario… en muchos casos el título de la foto es bastante informativo (y con recurrentes faltas de ortografia), al menos se dan pistas válidas… en otros no tanto y valdría la pena alguna luz de los más memoriosos.

domingo, mayo 27, 2007

Néstor Almendros (1930-1992) entrevistado en la serie A Fondo, de RTVE.

Una propuesta "a fondo"

De 1976 a 1981 la Televisión española transmitió una serie de programas con el nombre de “A Fondo”. En estos programas, dominados de principio a fin por la impecable conducción y fino tacto del entrevistador, Joaquín Soler Serrano, fueron entrevistados muchos intelectuales importantes del mundo hispano. La serie sirvió de analgésico en la reivindicación de muchos intelectuales en la España post-Franco. Catalanes, gallegos, exiliados, inconformes. Todos tuvieron su asiento reservado en el set guiados por la cálida atmósfera en que los envolvía Soler Serrano, muy atinado en la mayor parte de los casos. Este programa ha pasado a ser un clásico de la tele hispana y no es de extrañar que nos entre cierta “afondstalgia” ante la mediocridad de gran parte de la tele actual.

Todo este preámbulo es para decir que poseo esta serie. La tengo desde hace dos años y me he motivado a compartir algunas de estas entrevistas online, poco a poco, semana tras semana. ¿La fuente principal de la motivación? Pues Ramón Alejandro y el desempolve que, para bien de unos y para mal de otros, se ha sucedido acerca de Néstor Almendros, primero en el blog de Ichikawa y después, como parte de una serie, en Penúltimos Días. Admiro mucho a Néstor y esas crónicas me motivaron a sacar los archivos.

Empiezo colgando la entrevista a Néstor Almendros, leitmotiv.

Espero la disfruten!!

Tormenta en el sitial

Sé lo que le cuentas al rayo,
le dices que te deje quieta,
que no perturbe la paz de los tuyos
y que si ha de llevarse a alguien,
que sea a ti.


Le murmuras con susto al oído
que no incendie tu foresta,
que respete tu estancia casual sobre la tierra que ya se ha almidonado con tu sudor de lustros,
que ignore a los que juegan con tijeras,
a los que se abrazan.
Miras al techo y ruegas.
¡Piedad!

Afuera
la palma cede y se ennegrece un poco...
Quedan los muñones raídos,
semicarbonizados,
destilando aún el hedor de la descarga,
mostrando a todos que la naturaleza es de anjá,
que el día menos pensado nos vamos,
que sigues viva porque en el momento indicado proferiste el grito que corresponde.

Los tuyos te lo agradecerán siempre.

(de Mauricio Pimienta, 2001)

sábado, mayo 26, 2007

Mambisita de la vida

Cariacontecida como el tedio,
bosquejas los terrenos y alistas tus batallones,
te aseguras que haya cinco disparos por hombre
y chequeas, uno a uno,
cada pérfiro en su sitio,
con hoja ciega y borde redentor.

En la tablita endeble trazas los posibles movimientos,
con flechas y números pronosticas probables decisiones enemigas,
escaramuzas,
falsas retiradas
y redobles ofensivos en contraataque por los flancos.

Husmeas en la brisa y el olor a pólvora enjaulada,
la incesante certidumbre de la muerte a contratiempo,
te hacen palidecer.

Ya es hora.

En tu charretera
portas la estrella que muchos han ansiado
a ritmos asincopadamente febriles.
El enemigo,
que no estaba escondido en tu vetusto armario,
muestra su insignia multicolor y hace sonar
tíquiti tácata
tíquiti tácata
los viejos peldaños que lo separan de tu manigua irredenta.

Antes que la puerta se abra ya habrás roto las escrituras,
la soberbia no llega donde la pobreza hace diana.

En una lúgubre buhardilla de Jesús María, tu bebé aguarda.

(de Mauricio Pimienta, 2003)

“It was 40 years ago today…”

A los cómplices…

Ahora recuerdo. Rafaelito, que por entonces pasaba trabajos en máquina de escribir y del que yo era un asiduo, tenía alguna música interesante traspapelada entre el peor José Feliciano y el José José más lacrimógeno. Ahí los encontré. Claro que ya conocía al grupo y tarareaba algunas canciones en mi inglés más personal y ya me sabía algunas canciones en la guitarra.

Una vez, cuando la escuela al campo de 7mo grado, usureros se personaron en el campamento y vendieron fotos (falsos montajes ochenteros de algunos grupos musicales, de calidad fotográfica similar a las fotos de cámara oscura, como las del Capitolio). Recuerdo fotos de Bon Jovi, de Europa (los que estaban 'en onda'), Iron Maiden, Metallica y muchos más... y ahí estaban ellos. Me hizo mucha ilusión comprarme esa foto y cuando la visita de familiar de domingo la mandé para la casa para que no se me ensuciara en el campamento. Cuando Papi fue a verme el miércoles, le pregunté si habían puesto la foto a buen resguardo y, en un tiernísimo parlamento que me arrancó besos, lágrimas y risas, el viejo me dijo: “Sí, Papito, allá te pusimos en el librero la foto de Los Buitres”.

Pero todo lo que tenía hasta ese momento eran canciones sueltas, que si el Álbum Azul, que si el Rojo, que si el Negro... mis casetes se resentían de tanto colorido. Y justo al doblar de mi casa estaba la respuesta, el “¿qué disco quieres?” que tanto había estado buscando.

Antes había que comprar los casetes: el Dr. Ferro y Humberto los vendían a buen precio. El dinero era simple: Abuela me daba todos los pomos vacíos y los vendía en la bodega, a eso sumémosle las tapas de litros de leche y tubos de pasta vacíos que se vendían en “Materias Primas” junto a cualquier pedazo de tubería o simplemente chatarra. Entre Papi y yo vendimos los mejores mamoncillos de la década conmigo sentado en el portal de la casa y el dinero cayendo en mi gorra: música y travesuras. Fue cuestión de un mes a lo sumo.

Le pedí todos los casetes a Rafaelito y, en mi flamante doble casetera Sanyo, los copié todos. Y después a escucharlos, a enyerbarme hasta las axilas con el enciclopedismo que hacía falta para poder saber de donde había salido todo. Buscar las letras, saber quien tocaba o quien cantaba cuando Internet era una mentira… todo con el masoquismo de los 11 años. Y, curioso, el primer intento de transcripción personal fue con “She's Leaving Home”. Evidentemente esa transcripción se pareció más a Mary has a little lamb que a cualquier otra cosa. Pero fui muy feliz sudando esa colección, transcribiendo las letras en libretas que aun andan por casa, recolectando fotos, recortes, lo que fuera.

Un tiempo después Jaime Almirall Suárez, desde su inolvidable “Esto no tiene nombre” (domingos, Radio Progreso, 9 p.m.), puso íntegramente cada disco de la discografía oficial, los ponía y daba tiempo para grabarlos, con conteos regresivos, con una FM poderosa, cristalina. ¡¡Puso hasta los Rarities!!... ¡¡Mierda!! ¿Pero este hombre no sabe todo lo que yo he pasado para que ahora los venga a regalar así como así? Dolió. Aquello fue moral. Se salvaba Almirall de que no era vecino mío... entre Ramonín, Yoelxis, los Caraballo, Annette y yo le hubiéramos tirado huevos hasta en las encías. Cuando aquello se podían tirar.

Después alguien me dijo de la censura anterior (aunque sigan repitiendo que no). Después las discusiones acerca de los personajes preferidos del grupo, de la canción preferida, del disco preferido, etc. Más adelante, en el Pre, con el inefable Jorge Pozo, hicimos un dueto formidable, especies de 3ro-4to a los que no se les iba una... años, letras, rarezas o bootlegs, chismes, historias verdaderas, alusiones. Nos convertimos en una especie de Buitripedia ambulante.

Ya en la Universidad, Ismael Ferrer “el Yeki” se hizo mi cofrade en el tema y ya las discusiones se tornaron más maduras, ya mis canciones preferidas de antes no lo eran tanto. Fue la época en que la canción preferida era Sexy Sadie, ¡¡mira qué cosas!! Por suerte el disco preferido siempre fue el mismo, aunque lo percibiera diferente en cada época: ya se sabrá... de ahí vienen mi Pimienta y mi Sargento. Y los conciertos en el ahora Parque Lennon, en el pabellón Cuba, en la UNEAC, en el Anfiteatro del Puerto… siempre aparecía un homenaje loco a esos zopilotes de la música.

Años más tarde participé en La Habana en los dos primeros coloquios internacionales sobre la obra de Los Buitres. El primero estuvo muy bien. Me recuerdo, de mano con Roxana, subiendo La Rampa para comer algo después de haber acabado una sesión matutina. Ella me preguntó, “¿y qué te parece? ¡esos tipos saben una pila!”. Le sonreí con la peor cara y le dije “vamos a ver si conseguimos El Gran Zoo”. ¡De verdad que sabían los cabrones! Después el segundo coloquio no estuvo mal pero me aburrió. Y no fui más. Y después me fui.

En marzo del 95, como descolgándose de una rama, Ismael se convirtió en el primer amigo entrañable en irse del país, el primero al cual lloré. La noche antes de irse me regaló un póster de esos mismos Buitres que mi papá y mi mamá protegieron con igual celo hasta que pude enmarcarlo bajo las terribles limitantes del pleno Período Especial, ese que algunos llaman tiernamente 'violento'. Aun está en mi cuarto ese póster, afeándolo tal vez, pero alegrándome ambos: Ismael y Los Buitres.

Ese mismo Sargento está a punto de cumplir 40 años. Como ellos mismos dicen, "I have to admit it's getting better... it's getting better all the time". Por eso la memoria y el genuino agradecer.







martes, mayo 22, 2007

Los colores del verano: 40 Años del Summer of Love (1)

“People try to put us d-down […] Just because we get around […]
Things they do look awful c-c-cold […] I hope I die before I get old.”
Pete Townshend, “My generation”

En el mismo río entramos y no entramos, pues somos y no somos los mismos. Así solía describir Heráclito de Éfeso su doctrina del cambio, del devenir. A la luz de la ciencia más pedante es obvio que el río no es el mismo nunca (la masa de agua que nos recibió avanza a cierta velocidad y, por ende, queda siempre atrás por muy corto que sea nuestro tiempo de inmersión). Así mismo, los que entramos en él nunca somos los mismos pues constantemente mueren células en nuestro cuerpo (a razón estimada de 3 millones por segundo) que son a su vez reemplazadas por otras nuevas, idénticas pero otras. Ni siquiera somos los mismos cuando abrimos y cerramos los ojos, nuestras mitosis y meiosis se encargan del resto. Claro, con la ciencia más pedante no hay que llegar tan lejos, aunque se pueda.

Cuando la América de la post-guerra (la misma de la Bomba en Japón, la del senador Joseph McCarthy, la de la guerra en Corea, la de la guerra en Viet Nam, la del coup d’état a Jacobo Arbenz y un larguísimo etcétera) vio crecer a sus hijos, notó con escándalo el surgimiento del anti-stablishment entre sus mismas filas. Esta vez no era el fantasma rojo, la rebelión empezaba por casa. La contracultura de los Baby Boomers, el american way of death, ya estaba en el horno desde hacía 15 años atrás. Algo similar pasó con las generaciones perdidas de otras latitudes, con la post-guerra y la Guerra Fría como espadas de Damocles, y el largo rosario de fracasos y doble moral como catalizadores.

No sé cuando fue que el primer padre conservador sorprendió a su hij@ adolescente manifestándose abiertamente a favor del cambio de postura gubernamental, no sé que pasó cuando dijo “Johnson… that son of a bitch!!”, o cuando el rubio de vecindad (ese boy next door tan afín) desesperaba por tener un disco de la Motown Records (en este aspecto a las rubias les habrá ido peor, supongo). Habrá sido escandaloso que de pronto una nación entera, por no decir un planeta, se haya quedado sin idioma, sin lenguaje común para entenderse. Una nación fundada en 1776 por patriarcas con sólidas bases ecuménicas, por genuinos benefactores de sus prójimos, se había convertido en una Torre de Babel, o de papel.

Welcome back to the sixties!, suelen decir en VH1 o en MTV cuando algún tema retro suele aparecer en pantalla, o algún Storyteller, o sencillamente cuando se hace el mini-biopic de alguna de esas estrellas. Suena muy divertido, muy anti-any-possible-stablishment también, eso de sex, drugs & rock’n’roll o el make love not war. Más allá del chip de gozadera que a nivel subconsciente instalan los mensajes retro contemporáneos, haciendo un desmadejado uso de algunas estrellas en particular [The Beatles, The Rolling Stones (sí señores, ¡desde entonces los Stones!), Janis Joplin, Jim Morrison, Jimi Hendrix et al.], esa era fue una era comprometida políticamente, incluso sin que sus protagonistas lo notasen. Comprometida como muchas lo han sido desde el inicio de los tiempos.

No era divertido, no lo es aún creo, irse de casa y convertirse en un prófugo de su propia familia. No era gracioso, menos aún, odiar a tus padres desde la incomunicación ontológica, llegar a verlos como enemigos en muchos casos. No era reconfortante tampoco el abusivo uso de las dobles morales ciudadanas, la cacería de brujas, el fantasma multicolor (el rojo de la U.R.S.S., el amarillo de Viet-fucking-Nam, el verde-rojo de Castro, el negro de todos los negros que eran o no eran Panthers). Esos chicos multicolores, multiétnicos, multiaurales, que solemos ver sonrientes, hedonistas, en los viejos films de la contracultura hippie se divertían, es obvio, pero cocinaban por dentro un desprecio revolucionario por el entorno que los signaba y los signa aún, definitivamente, como la llamada Generation X.









Los colores del verano: 40 Años del Summer of Love (0)

A partir de hoy postearé una serie de trabajos a manera de homenaje a los 40 años del Summer Of Love de San Francisco ‘67, una experiencia social novedosa y revolucionaria para la época que, a escala global, fue la primera Gran Explosión de la contracultura ante los cánones psicosociales de la post-guerra. En mi modesta opinión, merece ser revisitada.

Sin afanes enciclopédicos, con pocas pretensiones, ando escribiendo estos textos que siempre irán acompañados de algún tema musical representativo o de algún vídeo. Donde no pueda evitarlo, linkearé a fuentes complementarias.

Bitter "Sugar" (Who Killed Davey Moore?)

"Qué le vas a hacer, ñato, cuando estás abajo todos te fajan. Todos, che, hasta el más maula."
Julio Cortázar

Me cuesta creer que a Julio Cortázar le apasionara tanto el boxeo. Según sus propias palabras, una vez le encargaron comentar una pelea de boxeo para las Actualidades Francesas (de las cuales era ‘speaker’) y fue despedido al día siguiente porque su emoción indecible unida a su penosa pronunciación del idioma hicieron que nadie entendiera nada. Especialmente los mexicanos, que son muchos. Su Torito no sólo es un clásico del cuento contemporáneo: es un alucinante reflejo de la pasión del escritor por un deporte en el que los errores técnicos y tácticos suelen pagarse con abolladuras corpóreas, cuando no con la vida.

Existió en Cuba un boxeador que, una vez inserto en el mundo profesional, mató a dos rivales con sus manos. Este hombre, que era limpiabotas hasta que descubrió la dinamita de sus nudillos, fulminó en 10 asaltos a José “El Tigre” Blanco el 8 de noviembre de 1959 y a Davey Moore el 21 de marzo de 1963 que moriría dos días después. Este último combate le valió para convertirse en Campeón Mundial de la categoría Pluma. Peligrosos los décimos rounds, ¿verdad?

En ambos casos, este boxeador decidió dejar su carrera. La primera vez los propios familiares de la víctima lo incitaron a seguirla. Que eran cosas de ese deporte. Que fue la voluntad de Dios. Similar razonamiento lo sacudió después de la muerte de Moore aunque ya después no fue el mismo: sólo pudo defender el título 4 veces y fue finalmente noqueado el 26 de septiembre de 1964. Peleó hasta el 25 de abril de 1972, cuando fue de nuevo noqueado, esta vez por César Sinda. Actualmente está en el Salón de la Fama en Canastota, Nueva York, desde el mes de junio de 2001.

Este hombre ha admitido que haber matado a Davey Moore con sus puños le produjo gran remordimiento, deseos de no seguir más y que sólo una fe ciega en Dios y en lo que para él era “su misión” lo obligaron a seguir.

Pero en el boxeo, especialmente en el mundo rentado, la patética figura del ‘asesino’ se oculta muchas veces tras bambalinas. Ese fatídico día, Jack Salomon, el promotor de la pelea, hizo que coincidieran en la misma arena de Los Angeles la discusión de tres fajines mundiales. La multitud estaba enardecida y nunca dejó de exigirle al cubano que golpeara más y más al peleador de Lexington, Kentucky. La esquina de Moore, tampoco hizo nada por salvarle la vida al púgil. El árbitro George Latka sólo detuvo el combate cuando Moore se quedó colgando de las cuerdas sin poder mover un solo músculo. No sé si a Cortázar le gustó esa pelea, no sé si la vio. Yo sí, y es terrible ver morir a un hombre ante la exigente algarabía de muchos otros… ¡pobres asistentes a ese Circo Romano en Los Angeles!

Moore y el cubano, hasta ese momento, solamente soñaban con el jugoso fajín dorado, la fama y el dinero. La insidiosa trasquiladura de los sueños fue efectiva después para ambos aunque uno de ellos viva y el otro haya muerto 48 horas después, 44 años atrás. Esta es una de las tantas historias crueles del boxeo. Al final de todo, como dicen que dijo Borges, “morirse es una costumbre que suele tener la gente”.

Al sobreviviente de esa pelea lo conocí personalmente un día, le estreché la mano, hicimos algunos chistes en medio de una fiesta y después no lo he vuelto a ver más aunque sé que vive armoniosamente rodeado de los suyos.

Todavía no sé quién mató a Davey Moore. Bob Dylan tampoco. No nos gusta el boxeo, parece.










PD: Me reservo el derecho de nombrar a este boxeador cubano aunque es fácil identificarlo. Nombrarlo me parece señalarlo con el dedo y, en ese caso, siempre quedarían tres apuntando hacia mí. Seguro me entienden.

Confesiones de un viejo sucio

Pasados 5 meses de vago habitual, ahora me ha dado por calentar el brazo a costa de un ilustre. Remito al trago de costumbre y a las no pocas visiones elocuentes que, con palabras nunca mejor dichas, conforman el secreto de cualquier 'perdurar'.