Gracias a Virgilio entendí ciertas cosas, algunos descubrimientos me fueron dados y penetré ese oscuro universo de sus atmósferas teatrales, de esos personajes aparentemente raros que dan un no en vez de un sí, de una Electra en tiempo de décima o de una soprano calva. Entre los tesoros de mis estantes está Virgilio sentado, entre Arrufat y Arenas, y me place verle pelear de vez en vez… que si Arrufat con su blandenguería, que si el otro le molesta por ser maricón de urinarios, así dice. Otras veces los acoge benévolo y les abraza como si fuesen pródigas ramas de un árbol que sólo él sabe entroncar. Así se me pasea Virgilio por el oloroso pino macizo donde lo he puesto a ejercer.
Cuando me compré la laptop, desde la cual ejerzo mi vida de Internauta, de inconstante Blogger y de Doctorando en Ciencias, decidí nombrarla con esa dicotomía propia de "el ordenador" o "la computadora". El travestismo de los términos y el ranking que ocupa Piñera en mi Jauja literaria me hicieron no pensar dos veces el identificativo de mi laptop en la red: Virgilio. Y es un ente mas en mi jungla diaria, le regaño cuando me falla, le celebro cuando me saca de apuros, le achaco a su efusividad sexual que se me caliente tanto de vez en vez y seguro que lo pensaré dos veces cuando decida hacer el segurísimo upgrade dentro de un tiempo.
Por todo lo anterior, me place mucho saber que este viejo conocido de todos (que cada cual lo vive como quiere) ya tiene un blog. Y todo el crédito va para la sensible Rosa Ileana Boudet que nos lo anuncia y nos lo redescubre como parte de una (otra) broma colosal.
Enhorabuena Virgilio, y que no se te entreceñe el cruce mientras decoditos en el tepuén.

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